divendres, 12 de juny de 2015

EMPODERAMIENTO versus EMPRENEDURÍA

Confusiones habituales, prácticas distantes y resultados antagónicos.

Una vez asistí a una sesión de empreneduría con jóvenes que estaban participando en un proyecto y un proceso de empoderamiento colectivo, de esas situaciones difíciles que se presentan cuando tu proyecto es financiado por una entidad bancaria y la demanda que te hacen es de lo más inapropiada peró que en benefecio del proyecto y del colectivo con el cual estás trabajando accedes. La sesión fue una pérdida de tiempo para los jóvenes y muchos, al salir, no dejaron de expresar su más sincera sorpresa de la finalidad de esa sesión.   

Últimamente, no hago más que ver en programas de congresos, proyectos y demás la palabra empreneduría asociada a jóvenes de contextos frágiles como la clave para romper con su situación de exclusión social. Este planteamiento con cada vez más seguidores y muy extendido en los programas para el desarrollo que promueven las administraciones públicas o los grandes organismos internacionales, y que a la práctica asimila empoderamiento a emprendeduría. Este enfoque defiende que un incremento de la capacidad individual para ser sujetos más autónomos y autosuficientes, significará una dependencia menor de la provisión estatal de servicios o empleo; del mismo modo, así como disponer de un espíritu emprendedor para crear microempresas y empujarse uno mismo en la escala social. Desde este enfoque, empoderar equivale a ser emprendedor y dominar los recursos y medios que el sistema pone a nuestro alcance pero sin cuestionar en absoluto las estructuras existentes.

 Empoderar parte de la noción más vinculada a la corriente que apuesta por una toma de conciencia que insta a revisar las estructuras y el sistema establecido (la educación popular de Paulo Freire), y que a la vez implica tanto un cambio individual mediante la superación de desigualdades o déficits a partir de un proceso de transformación y de superación de la opresión, como la acción colectiva para un cambio social que modifique las estructuras que reproducen las desigualdades y las opresiones (más ligado al enfoque feminista). 

Ante tal diversidad de enfoques existe mucha confusión y ambigüedad, y todavía queda mucho camino por recorrer en la comprensión de los distintas perspectivas y la articulación con las teorías que los sustentan y se reproducen en las prácticas socioeducativas que llevamos a cabo desde las administraciones y las organizaciones sociales. Lamentablemente, este modelo más vinculado a la emprenduría es hacia el cual están evolucionando muchas prácticas profesionales, hecho que no posibilita una transformación real y profunda de los colectivos y de las personas con las cuales trabajamos. Desde mi humilde experiencia, el empoderamineto que yo he visto que "funciona" se concibe como un proceso a través del cual emergen las potencialidades y las capacidades de las personas y de las comunidades mediante el autoconocimiento y la autorrealización profundas, la emancipación y el reconocimiento de los individuos y las comunidades para la transformación social, necesariamente cuestionado las estructuras de poder y presión. Y para que esto ocurra y sea duradero, mi experiencia  me dice que se requiere tiempo y procesos largos con los cuales asentar todo lo aprendido. Y si no, tiempo al tiempo.

Ilustración: "Contracorriente", Arteneus.

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